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REPORTAJES

"La última cena" de Leonardo da Vinci
Siete Dias en el Tíbet
Resultados la Alerta Ovni "Tortícolis 2005"
El misterioso caso de Masia Cochambres
Voltaire y yo

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LOS REPORTAJES DE THE TELEPLASTIC INQUIRER

ENTREVISTA

Los Nuevos Piramidólogos:
¿Científicos o Charlatanes?

El Dr. Victor Solomon nos recibe en su casa de Florida, en Cayo Vizcaíno, rodeado de perros, gatos y canarios. Su casa es el hogar típico norteamericano, con dos plantas, enorme cocina y porche dando al mar. Nadie diría, por su aspecto, que es uno de los científicos más considerados a nivel mundial. Nos sentamos y tomamos té helado.

 

Dr. Solomon, ¿cuándo comenzó su interés por la egiptología?

Bueno, verá, en realidad ocurrió no hace muchos años, durante una excursión que mi esposa y yo hicimos a Disneyworld. Allí vimos la maqueta a escala real de la pirámide de Gizeh y quedé asombrado. “Esto en realidad debe ser impresionante”, pensé, y comencé a informarme y a leer libros sobre Egipto. Así es como comencé.

¿Su primer viaje a Egipto fué durante el 91, cierto?

Si, fué en aquel año cuando fuí a Egipto por primera y única vez. La verdad es que quedé tan impresionado que no me atreví a volver una segunda vez, por miedo a los ataques terroristas y eso... Ya sabe que el Valle de los Muertos no es un lugar muy seguro para un occidental, y menos para un norteamericano como yo.

¿Qué impresiones se trajo de aquel primer viaje?

Bueno, principalmente el calor. Hacía un bochorno tremendo, algo horrible. Me pasé sudando la mayor parte del viaje. Además estaba la sed, que nos acompañó durante toda nuestra estancia, así como el hambre y algo de sueño, pues nuestro trabajo nos impedía dormir demasiadas horas. Aunque tengo que decir que los hoteles egipcios son comodísimos...

Tenemos entendido que su expedición estuvo colmada de problemas...

Sí, la verdad es que al principio lo pasamos realmente mal. Los camiones que transportaban todo el material se averiaron varias veces y tuvimos que llevar gran parte de la carga andando, bajo aquel sol abrasador. Luego los aparatos de medición comenzaron a fallar, perdí dos bolígrafos y una caja de grapas, y la funda de las gafas se me olvidó en el hotel, así que en fin, fueron unos comienzos realmente duros. Pero bueno, son gajes del oficio...

¿Cuáles fueron sus primeros hallazgos in situ?

En primer lugar descubrí lo intrincado y difícil que es el egipcio, porque en aquella zona no hablan apenas árabe o farsi, sino un dialecto muy especial. Nos costó mucho hacernos entender con los guías locales, y no digamos a la hora de conseguir los permisos para excavar y demás, algo realmente complicado. Luego, cuando comenzamos a chapurrear el idioma nativo, todo se hizo más sencillo.

¿Qué recuerda de sus excavaciones?

Lo que más me sorprendió de nuestro trabajo fué lo realmente dura que es la piedra del desierto. Los bloques con los que se construyeron las pirámides eran tremendamente duros y muy difíciles de trabajar, así que nos las tuvimos que ingeniar como pudimos. Por otro lado, la profundidad que alcanzamos en algunas zonas nos dificultaba la respiración, así que construímos una especie de ventilador con un radiador de coche que nos renovaba el aire cada cierto tiempo, y así pudimos seguir con nuestra tarea.

Ya veo. Este... centrándonos algo más en sus estudios, ¿cuál fué su primer descubrimiento importante?

Bueno, verá, es algo muy curioso. Resulta que en Abu Simbel está prohibido girar a la izquierda en todas las calles pares, mientras que en las impares lo está a la derecha. ¿Usted lo entiende? Yo tampoco. Es una incógnita que me ha perseguido desde mi primer viaje, y que aún no he logrado resolver. Por otro lado, y aunque tenga bastante menos relevancia, le diré que la arena del Valle del Nilo contiene un 10% menos de sílice que la de por ejemplo Florida, y no es porque yo viva aquí...

Ajá, perfecto, eso es sorprendente, pero ¿qué me dice de las tumbas egipcias?

¿Tumbas, qué tumbas? Yo no ví jamás ninguna tumba. Le puedo asegurar que allí no hay nada más que tremendos edificios, todos de piedra, hechos añicos, y los suelos llenos de escombros y malas hierbas. Es como el descampado que hay aquí detrás justo de la casa... venga, acompáñeme y verá...

No, no se preocupe, doctor, le creo, le creo. Pero entonces ¿en qué consistió exactamente su trabajo en Egipto?

Bien, fuímos allí a excavar subvencionados por la Royal Society of Excavation and Plumbing de Surrey, y lo estuvimos haciendo durante interminables jornadas. Un trabajo realmente duro que nos llevó prácticamente dos meses y medio, durante los cuales no pudimos descansar ni ducharnos ni comer caliente un sólo día, ¿le parece poco trabajo? Lo que ocurre, como en la mayoría de las ocasiones, es que éstos trabajos digamos “en la sombra” no se valoran suficientemente, no aparecemos en los medios y nadie nos hace ni puto caso. Y como veo ya por dónde van los tiros, y ya que se está poniendo usted impertinente, doy esta entrevista por conclusa.

Siete días en el Tibet
por Samuel Aspicadas, reencarnado en Levito-yho Levita-thu

Nada más aterrizar el bimotor de Air China que me traía a Katmandú desde Sin-Chan se apoderaron de mí sensaciones desconocidas hasta entonces: un nudo en el estómago, una ligera desincronización en los miembros y un enorme prurito perineal fruto de las ocho horas de viaje hundido en mi asiento de skay. El país del Nepal me recibía entre sones de enormes trompetas típicas y el ronroneo de las oraciones giratorias que colgaban de casi todos los sitios imaginables. Desde allí hasta el Tíbet aún me esperaban duras horas de viaje, entre horrendos precipicios y valles misteriosos, así que un poco inquieto ante el panorama cogí mis cosas y me dirigí al centro de la ciudad.

Debía dirigirme a la Embajada de España para conseguir los visados y permisos necesarios. Una vez delante del cochambroso edificio, pregunté a uno de los soldados apostados en la puerta: "¿Es esta la Embajada de España?", a lo que el sujeto me respondió en perfecto inglés: "If, if, between, between..." Una vez en su interior, y después de discutir acaloradamente con un funcionario de aspecto mongólico (luego me enteré de que, en efecto, era de Mongolia) obtuve los papeles necesarios para iniciar mi viaje, así que sin más dilación tomé el autobús que me dejaría, doce horas más tarde, en el País de los Lamas.

Muchos piensan que la civilización egipcia es la cuna de todos los que hoy conocemos como misterios indondables, pero yo afirmo que no, que es el Tíbet. Allí todo es misterioso, desde el paisaje hasta la arquitectura popular, desde las personas hasta su lenguaje (pensad lo difícil que debe ser hablar una lengua formada por palabras con una sola vocal entre treintaydós consonantes). Todo el mundo lleva gorrito, pues son calvos como bolas de billar, y gastan unas túnicas de color granate mezclado con pañuelos naranja que ofenden al gusto occidental. Usan sandalias de cuero de yak, con el dedo meñique por fuera (en él reside el "fuin", o sea, la ventilación del cerebelo), y se alimentan básicamente de papillas de maiz con mantequilla de yak, tortitas de leche cuajada de yak y de carne de yak, y también algo de pescado del Yak, que es un río que pasa por allí. Es gente amistosa y hospitalaria, y de costumbres simples. Recuerdo una vez la bonhomía de un labriego que me vendió un par de sandalias típicas, y que el pobre, en su ignorancia, me dejó por 34.000 euros....

Mi primera jornada en el Monasterio de Ké-Bien-Toi fué de lo más provechosa para mi investigación.

En primer lugar, diré que los monjes tibetanos son parcos hasta con el espacio. En efecto, pude comprobar cómo en una habitación de tres por dos y cuarenta metros de altura descansaban 150 monjes levitando unos encima de otros. Me quedé con las ganas de entrevistar a uno de los conocidos como "monjes corredores", ya que me fué imposible alcanzarlo, pero a cambio tuve el placer de asistir a una clase de Kung-Fú tibetano, en la que unos monjes con apariencia muy digna se apaleaban los riñones y el cráneo con verdadera afición. En el hospital del Monasterio, regentado por un traumatólogo y un callista, la actividad era incesante, casi tanto como en la peluquería, pero mucho menos que en el único bar del recinto, donde estaba prohibido beber alcohol, fumar y blasfemar y jugar a las cartas y a los dardos, así que la clientela se distraía apaleándose unos a otros con varas de madera y bebiendo té con mantequilla de yak y agua del Yak.

El Dalai Lama me recibió en pelotas, como era costumbre, y yo me tuve que poner a su altura arrodillándome, pues era un niño muy bajito, y poniéndome en pelotas también. Después de intercambiar algunas palabras en su incomprensible idioma (creo que le llamé "hijo de puta" un par de veces, pero en fin...) nos sirvieron té con leche de Yak y charlamos lánguidamente junto al alféizar de una ventana que daba al glorioso Valle de los Corredores Incesantes, permanentemente surcado de pequeñas columnas de polvo que iban levantando los monjes pedestres. Transcurrió así la tarde, y una vez celebrada la frugal cenal, que sirvieron a una velocidad asombrosa, pasamos al Salón del Trono donde nos pusimos a charlar amigablemente sobre las ventajas del color naranja sobre el ocre a la hora de reconocer un cadáver en el fondo de un precipicio. Así pasó mi primera jornada, y tras dar las buenas noches en perfecto tibetano (no sé porqué uno de los monjes quería romperme una estaca en la cabeza) me retiré a descansar a mi habitación.

El día siguiente lo dedicamos en exclusiva al cultivo del espíritu. Así, nada más levantarme, mi "yo" físico salió a dar una vuelta por el contorno, mientras mi "yo" espiritual asistía a una clase de mantras. El extraordinario ambiente, sosegado y pacífico, me trasladó a parajes maravillosos y meditaciones profundísimas. Mientras el mantra taladraba mi cerebro incesantemente me embargó la paz universal y sentí mi alma vagar por espacios insondables, recorrí pasadizos misteriosos y numinosos pasados y futuros -sólo perturbado momentáneamente por mi "yo" físico que había vuelto a recoger la cantimplora-, en ausencia total de la consciencia y los sentidos. Sólo cuando me entraron ganas de orinar y no supe cómo hacerlo pude comprender lo limitado del mundo sensible y lo apegados que estamos a las cosas materiales. Así transcurrió toda la mañana y gran parte de la tarde, y cuando regresó mi "yo" físico de su excursión pude comprobar lo que me dolían los pies y el hambre que tenía, así que procedimos con otra frugal cena y nos dispusimos a descansar.

Durante los restantes cuatro días, mis amigos, conocí la Verdad. ¡Qué alegría me embargaba, qué paz, qué sosiego y tranquilidad de espíritu, qué hambre voraz...! Todas las ancestrales tradiciones pasaron ante mí, una a una, mostrándome sus maravillosos secretos: qué placentera sensación al lograr el "Thre'n'i", la Postura Superior del Yoga Tibetano, aunque tuvieran que auxiliarme tres monjes para desasirme; qué fantástica relajación muscular cuando sentí la Ciencia de la Acupuntura, perforando todo mi cuerpo con mil y una agujillas, aunque contrajera un tétanos formidable; qué rara y hermosa sensación la de dejar vagar mi "yo" astral hasta los límites del espacio y del tiempo, auqnue llegara siempre tarde a los postres....

Hace sólo un par de días que regresé del Tíbet y mi alma suspira por volver a recorrer aquellos paisajes asombrosos, por volver a sentir aquella paz infinita, por volver a descalabrarme por aquellos acantilados sin fondo, por volver a percibir la Verdad y la Sabiduría sin límites... Ahora voy a comenzar a escribir un libro sobre mis experiencias por aquellas tierras. Está ayudándome con la documentación un fontanero neoyorkino que ha pasado allí casi cinco lustros, y su información de primera mano es colosal. Espero que os guste

 

Resultados de la alerta OVNI 2 "Tortícolis 2005"
Malcom Pañero

La asociación ufológica "Hufo Janter" ha remitido a los medios un informe acerca de su última alerta OVNI, celebrada el pasado sábado:

Asistentes: Los de siempre.

Lugar: La era del tío Columbres.

Fecha: 15/10/2005

Se organizaron a los participantes en tres grupos: A, B y Z. El grupo A, a cargo de Manolo Veo, el B con Pepe Caca como responsable y el Z a las órdenes de Iluminada Calle.

Se inició la alerta a las 12 horas del sábado tras una traca y unos vinos de honor.

Enseguida los  grupos se alejaron en diferentes direcciones, salvo el grupo Z, encargado de la coordinación y la vigilancia del cielo en el lugar de reunión. Los responsables de cada grupo portaban talkies para su comunicación entre si y con el centro de coordinación.

12:30 . El grupo A informa de su llegada a la loma Mala, a unos 2 kilómetros de la era. Lo celebran con unos vinos. El grupo Z secunda la celebración.

12:45. El grupo B contacta con el centro e informan de que no encuentran su destino, un descampado al oeste del pueblo. Se les sugiere que tomen un descanso antes de seguir. El grupo B aprovecha para tomar unos vinos. El Z no tiene nada que coordinar de momento y también se toma unos vinos. El grupo A dice que hace frío en la loma y también lo afronta con unos vinos.

1:00. El grupo B vuelve a contactar. Informan de que están dando vueltas y el lugar de destino sigue sin aparecer. El centro de coordinación pide que usen la brújula y el plano. El grupo B responde
que ya lo han hecho, que a ver si se creen que son tontos o qué. El grupo A propone a los otros grupos rebajar tensiones con unos vinos. Se acepta.

1:25. El grupo A informa de un avistamiento de una luz extraña casi a nivel del suelo en dirección nordeste. Enseguida se confirma que se trata de la linterna del coordinador del grupo Z. A alguien se le ocurre la idea de que el grupo B agite su linterna para tratar de localizarlo desde la loma y orientarlo desde allí. El líder del grupo B lo hace y enseguida se informa desde los demás centros de
avistamientos de luces extrañas casi a ras de suelo. Se toma nota, se graba la luz y se hace una sesión ouija para contactar con los entes asociados a la luz. El líder del grupo B pregunta si alguien ve su linterna y se le pide que la apague, no vaya a confundir a los demás. Pero es demasiado tarde, casi simultáneamente, ambas luces desaparecen. Se celebra este primer éxito con unos vinos en los grupos A y Z. El grupo B recupera fuerzas con unos vinos y enseguida reemprende la marcha.

1:55. El grupo B declara oficialmente que se ha perdido. Cambia de líder y se hace cargo del grupo Juanito "El enterao", un veterano ufólogo de la zona con más de 10.000 kilómetros tras los OVNIS. Los
tres grupos celebran el relevo con unos vinos. Se celebra una rápida conferencia entre los tres líderes de grupo y se llega a la conclusión de que la pérdida del grupo B debe estar relacionada con la aparición de las luces. Iluminada Calle propone la hipótesis de un mal funcionamiento de la brújula. El líder del grupo B informa de que la brújula parece funcionar bien, lo cual parece confirmar que antes funcionaba mal. El anterior líder del grupo dice que el no notó que nada funcionara mal en la brújula, que más bien le pareció que el plano estaba mal hecho. Se decide que eso es negar por negar y se rechaza esa posibilidad. Se celebra el espíritu de rigor de la investigación con unos vinos en los tres grupos.

2.15. El coordinador del grupo B anuncia que no están dispuestos a seguir caminando. Deciden acampar en el lugar desde el que informan, las proximidades de una especie de explanada entre zonas de labranza. El grupo Z pide silencio a los tres grupos, pues escuchaban sonidos extraños a sus espaldas. Pero el sonido ya no se escucha. El grupo A informa de que no detecta nada raro y que hace frío y pide permiso para tomar unos vinos. Se le concede.

2:30. El grupo Z y el B irrumpen en las comunicaciones con un mismo mensaje: tenemos unas luces delante. El grupo A dice ver dos luces, pero los otros grupos confirman que solo se trata de una, frente a las respectivas posiciones de los grupos. El líder del grupo A insiste en que son dos las luces, muy próximas entre si, casi en formación.  Z y B se adelantan para investigar sus respectivos avistamientos. Ambos grupos acaban encontrándose de frente. Al parecer, el grupo B ha vuelto a la era inadvertidamente. Los dos grupos celebran el reencuentro con unos vinos. El grupo B pide permanecer en la era y se admite. Nuevos vinos dan la bienvenida al acuerdo.

3.15. Un extraño malestar se ha apoderado de todos los grupos. Mientras el grupo A informa de gente vomitando, el grupo BZ reporta dolores de cabeza y mareos. Una acusada somnolencia abruma a todos los
participantes. Los líderes conferencian y consideran que la salud de los participantes tiene prioridad sobre el objetivo de la alerta. Se suspende la alerta y se disuelven los grupos.

4:00 La reunión de valoración de la directiva de Hufo Janter se celebra a esa hora en la taberna del pueblo. Se aprueba el presente informe y se toman los siguientes acuerdos:

A. Convocar un alerta OVNI "tortícolis 2006" para el año próximo.

B. Expulsar a Pepe Caca de la organización.

C. Aumentar la partida presupuestaria para el vino el año próximo y mejorar su calidad.

EL MISTERIOSO CASO DE "MASIA COCHAMBRES"

Por Diogh Enes

El manto de la noche se arrugó ante nuestros ojos, violáceos de temor y de sospecha. Tras la curva de la carretera, secundaria ella, se adivinaba en la noche la silueta de Masía Cochambres, sumida en la noche, porque era de noche.


(Foto 1: pared lateral izquierda de Masía Cochambres: milenios de edad y hongos la tiraron abajo. ¿O quizá fué otra la causa, eh?)

Aunque mis manos estaban ateridas de frío, logré desasirme del chubasquero que me envolvía y bajé del coche con sumo cuidado, sin romper el silencio de la noche (¿he dicho ya que era de noche?) Misteriosos sonidos rasgaron el negro manto y las estrellas se estremecieron de horror y de frío nocturno. Afuera, en la noche, el misterio explotaba ante nuestros ojos violáceos de frío y de sospecha.

Mientras mi compañero desplegaba el material de investigación (incluída una bolsa familiar de gusanitos y otra de kikos de los grandes) yo me dispuse a tomar las primeras fotografías.


(Foto 2: parte trasera de Masía Cochambres: ¿qué horribles sucesos ocurrieron tras aquel dintel?)

Mi cámara Canon OlympusNikon con Duracell no dejaba de hacer clic y clic cada vez que hacía una foto, pues entonces se oía como un clic que retumbaba en la noche violácea y sospechosa. También llevaba una Polaroid para captar los sucesos más escalofriantes que seguro nos deparaba aquella noche en Masía Cochambres por la noche. La primera imagen me dejo atónito (ver Foto 2): ¡no había rastro ninguno de orbs ni rods ni pums ni crafts ni bleps, aunque una ardilla taimada se me cagó en el objetivo siete veces! ¡Aquello no podía ser! ¿Pero si estaba en Masia Cochambres, cómo era posible que no ocurriera nada ni se reflejara en mi cámara Polaroid nada raro aquella noche? Mi cámara Polaroid pronto comenzó a ponerse también violácea de frío y de sospecha... Algo raro, muy raro, rodeaba a aquel edificio cochambroso...

Al volver a la parte principal pude oir claramente el ronroneo de la grabadora colocada en el capó del coche y pregunté a mi compañero si tener el motor en marcha no interferiría las sicofonías que pensábamos recoger aquella noche, pero me dijo que no, que las ondas sicofónicas esquivan hábilmente los decibelios de los diesel y que no me preocupase más, que sacara el termo del maletero y que sirviera un par de carajillos reparadores, pues la noche era fría y sospechosa, así como violácea...

Después de la toma pasamos al interior de Masia Cochambres y no pude menos que esgrimir un grito de horror: "¡Horror, estamos solos!", bramé, a lo que mi compañero respondió con un sonoro "¡Cuidao no pises las mierdas del suelo que luego me pones el coche hecho un asco!". Me coloqué frente a la ventana y, con las manos temblando ateridas de frío y sospecha, saqué esta horripilante instantánea:


(Foto 3: interior de Masia Cochambres. Obsérvese con detenimiento el desconchado de la pared, a la izquierda abajo. La figura pseudohumana me estremeció hasta lo más profundo de mi ser aquella noche)

Sí, ya sé que muchos dudarán de mi testimonio, ya sé de que otros me tomarán por loco o algo peor, pero juro que lo que ví a continuación es tan cierto como que estoy ahora redactando este reportaje, con las manos temblorosas ateridas de frío violáceo y de sospecha.... Pero pasemos a otra cosa. Mis peores presentimientos tomaron forma cuando, una vez transcurridas varias horas, conforme iba amaneciendo, seguía sin producirse hecho alguno que relatar. ¿Qué extraña e insondable conspiración nos había llevado hasta allí, qué horrible secreto guardaba Masía Cochambres para sí sola, sin dejarnos participar de él, que era a lo que habíamos ido? ¿Tan horrible era, tan monstruoso?

Casi a la salida tomé una última instantánea:


(Foto 4: interior derecha de Masia Cochambres: el misterio sigue allí, inescrutable y hediondo, apto para por lo menos tres docenas de investigaciones más)

Mi compañero recogía la jaula de su periquito Faraday, los micros y el ordenador portátil y se encaminaba hacia el coche con el gesto descompuesto. Podía notar cómo también a él el secreto y el horror le habían dejado marcado para siempre. Antes de arrancar el coche y partir, mi compañero me acercó la grabadora digital, me miró y me indicó que la pusiera en marcha. Lo que oí entonces aún me hace temblar de frío y de sospecha. Una voz desgarrada, ronca, con mucho eco y misterio, como si procediese de la misma entrada que teníamos detrás pero que no podíamos ver, pronunció estas terribles y misteriosas palabras: "Al salir pongan el candado"

Y nos despedimos de Masia Cochambres alegres, porque había concluido nuestra investigación con éxito, pero también tristes, porque el secreto aún permanecía guardado entre aquellos muros violáceos y sospechosos.

Conclusiones:

Una vez examinadas las pruebas, las fotos, las sicofonías obtenidas y todo lo demás, parece claro que el caso de Masía Cochambres va a dar cuerda para rato. La física no lo explica todo, ni siquiera la recreativa, pero la cuántica nos demuestra que allí tanto puede haber un misterio como que no, así que dejémoslo para investigadores más entrenados que nosotros. Eso sí, después de escribir nuestro libro con el relato horrible de aquella jornada, prometemos que volveremos a Masia Cochambres, aunque sea de noche, pero un día que no haga tanto frío, coño.

 

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